23 de diciembre de 2007

El soneto que amablemente devino en milonga

Lionel Edmundo Rivero nació el 8 de junio de 1911 en Valentín Alsina, provincia de Buenos Aires, y representa, según cuenta el periodista Fernando Pastor en su artículo "Edmundo Rivero" (2006): "un caso singular en la extensa galería de cantores de tango. El registro de bajo, que contenía su voz, era una verdadera rareza en el género y, a la vez, algo poco apreciado por la pléyade tanguera, acostumbrada a los barítonos y tenorinos. Sin embargo, la afinación y los coloridos matices de su fraseo, sumado todo ello a un sentimiento y estilo criollo con reminiscencias gardelianas, lo hicieron un favorito del público y, al mismo tiempo, el primer caso de una voz gruesa imponiéndose en un momento de extraordinarios vocalistas".
Fue compositor y autor de varios tangos al modo reo y lunfardo: "No mi amor", "Malón de ausencia", "A Buenos Aires", "Falsía" y "El jubilado". Compuso también: "Pelota de cuero" (con Héctor Marcó), "Biaba" (con Celedonio Flores), "Poema número cero" (con Luis Alposta), "Acuérdate" (con José María Contursi), "Coplas del Viejo Almacén" (con Horacio Ferrer), "Milonga del consorcio" (con Arturo de la Torre y Jorge Serrano) y "Bronca" (con Mario Battistella), entre otros. El 18 de enero de 1986 falleció en Buenos Aires por un problema cardíaco a los 74 años de edad.
Por su parte, Iván Diez nació en Mar del Plata el 16 de agosto de 1897 y falleció en Villa Ballester el 8 de noviembre de 1960 (ambas ciudades de la provincia de Buenos Aires).
José Gobello, en su libro "Tangos, letras y letristas" (1995), narra que el poeta, periodista y autor teatral -cuyo nombre real era Augusto Arturo Martini- "colaboró en diarios y revistas de distintos tonos ("Fray Mocho", "Sintonía", "El Hogar", "Ultima Hora", "Democracia", "La Cancha", "Crítica") y se hizo popular como comentarista de box". Publicó sus primeras canciones en 1923, y en el año 1926 empezó una fructífera amistad con Carlos Gardel, quien le grabó algunos de sus tangos.
Edmundo Rivero musicalizó en 1963 un soneto que Iván Diez escribió en 1930, lo que dio como resultado esta estupenda milonga de tono humorístico:

AMABLEMENTE

La encontró en el bulín y en otros brazos...
sin embargo, canchero y sin cabrearse,
le dijo al gavilán: "Puede rajarse;
el choma no es culpable en estos casos".

Al quedarse bien solo con la mina,
buscó las alpargatas y, ya listo,
murmuró cual si nada hubiera visto:
"Cébame un par de mates, Catalina".

La grela, jaboneada, le hizo caso.
El tipo, saboreándose un buen faso,
la mateó, chamullando de pavadas...

Y luego, besuqueándole la frente,
con toda educación, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas.